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Salario Mínimo: Sindicatos Advierten «Si gremios no se mueven, nosotros tampoco»

Si los gremios no se mueven tampoco nos moveremos: sindicatos sobre el salario mínimo

La discusión sobre el salario mínimo en Colombia se intensifica mientras sindicatos y gremios buscan acercar posturas frente al incremento que regirá en 2026. La brecha entre las propuestas de los trabajadores y los empresarios refleja no solo diferencias económicas, sino también prioridades sociales y políticas que definirán el bienestar de millones de colombianos.

Este jueves, el ministro de Trabajo, Antonio Sanguino, llevó a cabo reuniones bilaterales con representantes de centrales obreras y gremios empresariales para buscar posibles acuerdos sobre el incremento del salario mínimo. La negociación resulta compleja debido a la considerable distancia entre las cifras propuestas: mientras las centrales obreras exigen un aumento del 16 %, los gremios ofrecen un incremento del 7,21 %. Esta diferencia refleja visiones divergentes sobre la capacidad económica del país, la productividad laboral y la necesidad de asegurar un ingreso digno a los trabajadores.

Tras reunirse con Sanguino, el presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), Fabio Arias, reiteró que seguirán firmes en su demanda de un incremento significativo. Según Arias, si los gremios no elevan su propuesta a un porcentaje de al menos dos dígitos —un mínimo del 10 %— no habrá margen para la concertación y confiarán en que el presidente Gustavo Petro determine la cifra definitiva. “Si los gremios no se mueven, nosotros tampoco lo haremos”, subrayó Arias, aclarando que, en caso de que los empresarios presenten una oferta de dos dígitos, estarían dispuestos a ajustar su cifra inicial del 16 % para llegar a un acuerdo.

La propuesta de las centrales obreras

Las centrales obreras —CUT, CGT y CTC— fundamentan su propuesta de incremento del 16 % tanto para el salario mínimo como para el auxilio de transporte en varios argumentos técnicos y sociales. Con este aumento, el salario mensual pasaría de COP 1.423.500 a COP 1.651.260, mientras que el auxilio de transporte subiría de COP 200.000 a COP 232.000, elevando el ingreso total de los trabajadores a COP 1.883.260.

Según Fabio Arias, parte de esta propuesta responde a los hallazgos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que señala una brecha significativa —alrededor de 50 puntos porcentuales— entre el salario mínimo actual y el denominado salario mínimo vital y móvil, es decir, aquel necesario para cubrir las necesidades básicas de un hogar promedio de cuatro integrantes. El ministro Sanguino indicó que este salario equivalente a una vida digna rondaría los COP 3 millones, cifra muy superior al ingreso mínimo vigente.

Arias también estima que la propuesta del 16 % intenta resarcir lo que las centrales llaman una “deuda histórica” acumulada a lo largo de las negociaciones de los últimos veinte años, un periodo en el que, según los sindicatos, no se valoró debidamente la aportación de los trabajadores a la productividad del país. Los análisis efectuados por economistas de estas entidades indican que, si la tendencia actual persiste, el salario mínimo continuaría siendo aproximadamente la mitad de lo necesario para asegurar condiciones de vida dignas.

Otro factor relevante señalado por Arias es el hundimiento de la reforma tributaria, que dejó al Gobierno sin los recursos previstos para inversión social en 2026. En este contexto, un aumento más robusto del salario mínimo podría convertirse en un mecanismo alternativo para fortalecer el ingreso de las familias y estimular la economía desde la base laboral.

La oferta de los sindicatos

Por su parte, los gremios empresariales, representados por organizaciones como la ANDI, ACOPI y la SAC, plantearon un incremento del 7,21 %, con lo que el salario mínimo llegaría a COP 1.526.134 y el auxilio de transporte a COP 214.420, resultando en un ingreso mensual total de COP 1.740.554. La diferencia entre las propuestas de trabajadores y empresarios se sitúa en COP 142.706, un margen significativo que refleja la disparidad de criterios sobre cómo equilibrar ingresos, costos y sostenibilidad empresarial.

Los empresarios basan su propuesta en la inflación registrada del 5,3 %, la Productividad Total de los Factores (PTF), que se sitúa en un 0,91 %, y un margen de ganancia real adicional de 100 puntos básicos. María Elena Ospina, presidenta de ACOPI, indicó que su planteamiento pretende ser responsable tanto con las empresas como con los trabajadores, evitando que un incremento excesivo presione los costos de producción y la inflación, lo que a largo plazo podría impactar la economía y el poder adquisitivo de todos.

Ospina subrayó además que únicamente 2,4 millones de los 23 millones de trabajadores en Colombia perciben un salario mínimo, lo cual resalta la necesidad de realizar ajustes que sean equilibrados y sostenibles, teniendo en cuenta la realidad económica y las capacidades del sector empresarial, sin poner en riesgo la estabilidad laboral ni la inversión productiva.

Los retos de alcanzar un acuerdo

Históricamente, la negociación entre trabajadores y empresarios ha sido compleja, debido a las distintas perspectivas económicas y sociales. Para los gremios, un aumento significativo podría ocasionar mayores costos de contratación, limitar la capacidad de expansión empresarial y, en ciertos casos, forzar una reducción en la plantilla laboral. Asimismo, los costos adicionales podrían trasladarse a los precios de bienes y servicios, elevando la inflación.

Por otro lado, las centrales obreras subrayan que un incremento en el salario mínimo eleva el poder adquisitivo de los trabajadores, impulsa el consumo y podría generar un ciclo de crecimiento económico que favorezca tanto a empresas como a empleados. Desde su punto de vista, un aumento adecuado no solo mejora las condiciones de vida de los trabajadores, sino que también refuerza la demanda interna, fomentando la contratación y la productividad.

El presidente Gustavo Petro ha expresado su acuerdo con la posición de los sindicatos, destacando que el incremento del salario mínimo, incluso con los aumentos recientes, no ha tenido un impacto adverso en el empleo. En realidad, la tasa de desempleo en octubre se situó en 8,2 %, siendo el nivel más bajo registrado en ese mes desde 2017.

El gerente del Banco de la República, Leonardo Villar, manifestó que un ajuste balanceado debe armonizar las ventajas del incremento salarial con los desafíos inflacionarios que podrían presentarse. “El beneficio relacionado con los ingresos de quienes perciben el salario mínimo, así como el de aquellos que puedan beneficiarse del incremento de esa demanda agregada, también conlleva desafíos significativos para alcanzar la meta de inflación. Es necesario encontrar puntos de equilibrio que produzcan resultados satisfactorios para toda la sociedad”, explicó Villar.

El consenso técnico de Fedesarrollo sugiere que un incremento razonable del salario mínimo para 2026 estaría entre el 6 % y el 6,5 %, tomando como base la inflación estimada del 5,2 % y la variación de la productividad, que oscila entre -0,3 % y +0,9 %. Este cálculo técnico busca un punto intermedio entre la protección del poder adquisitivo de los trabajadores y la sostenibilidad de las empresas en un contexto económico complejo.

La discusión sobre el salario mínimo en Colombia para 2026 se presenta con un panorama de contraste entre las exigencias sindicales, enfocadas en la equidad y la reparación histórica, y las propuestas empresariales, que buscan la sostenibilidad económica y la estabilidad de los costos laborales. La posibilidad de llegar a un acuerdo dependerá de la disposición de ambas partes para encontrar un punto de equilibrio, que contemple tanto el bienestar de los trabajadores como la viabilidad de las empresas, garantizando así un balance entre crecimiento económico, justicia social y estabilidad financiera.

Por Araujo Gomes Igor