ni sucia ni desprolija, La Baule es la ciudad donde nada está fuera de lugar

En La Baule, que en una semana dejará de ser la ciudad de Los Pumas, ya que si triunfan ante Japón se instalarán en Marsella y si no lo hacen volverán a la Argentina, todo es absolutamente prolijo. Nada parece salido de su lugar y todos contribuyen para que así sea.

Por las características del lugar, los enviados especiales se mueven por la ciudad en bicicleta. ¿Dónde dejarlas? El parque de entrada al edificio parece un buen lugar. Error, la del segundo B tira la bronca en francés. No se entienden exactamente sus argumentos, pero señala el hall de entrada. Bajo techo, mejor.

Al día siguiente otro vecino de improbable localización advierte que ese tampoco es lugar para dejar los rodados. No está enojado como la del 2° B, pero tiene cara de que la situación es inadmisible. La opción que propone, inaceptable.

Hay algo del orden que exaspera. Pasada la temporada estival, el municipio decidió reasfaltar el boulevard de la Costanera. Pues bien, antes de romper el pavimento, la empresa contratada valló casi dos kilómetros junto al cordón para preservar la integridad de los peatones. Lo mismo del otro lado, sobre el cantero que divide el carril. Pero pasaron tres días y la obra no empezó.

Como un cuento: las calles perfectas de La Baule.
Fotos: Emmanuel Fernández

¿El día que Los Pumas recibieron a los vecinos en el entrenamiento? Todos sacaron su pase en la página de la Municipalidad y solamente fueron aquellos que lo consiguieron: a nadie se le ocurrió ir sin la entrada a su nombre.

La prolijidad parece no tener límites. Cualquiera la anhela, pero acá es una exageración. ¿Será por eso que aquí no hay juventud? ¿Son deportados los sucios y desprolijos?

No pareciera haber siquiera rebeldía en este sitio, hasta que una mañana alguien deja una huella de que no todo está perdido. Uno de los conos que señalizan la obra en ciernes apareció de bonete de un cartel vial, el que prohíbe girar a la derecha.

La autoridad del cartel desafiada por una intervención que seguramente crispó a gente como la vecina del segundo B. Duró poco, pero al menos quedó el testimonio. En La Baule anda suelto alguien que con apenas un gesto rompió la monótona armonía de una ciudad que no desafina, hasta que alguien da la nota.