Consenso sobre el «impuesto del mal»…

Succeda lo que suceda con el tema retenciones, (ahora en suspenso junto al paquete fiscal de la Ley Ómnibus), es seguro que nunca en la historia de la gabela hubo tanto consenso respecto de su condición de pesimo impuesto. Esta semana, el ministro Luis “Totó” Caputo, se rasgó les vestiduras sostenidas ante los del campo y la industria que para él también era un trago amargo. Y lo dije una vez más sobre sus transiciones, «hasta que registramos un déficit cero».

A esta altura, a través de la acción del gobierno de Milei, queda claro que el objetivo de déficit cero no existe. Esto está claramente en el horizonte y todo depende de la tolerancia social durante toda la transición. El problema es “tanto tiempo”. Veamos.

Es cierto que el campo y todos los sectores exportadores transitan momentáneamente hacia la convergencia entre el tipo de cambio oficial y el real. Pasó un dólar de 350 pesos en principio en diciembre (menos deducciones del 33 por ciento para la soja y del 12 por ciento para los cereales) al dólar efectivo real de 900 pesos. Pero el Estado se recuperará más que antesgracias a una mayor producción adaptada al mejor clima, que ofrece un excelente rendimiento y un buen aporte de dólares para toda la economía.

Pero el problema es el de la devaluación del vino. suba muy fuerte del “impuesto país”. Estos son los derechos de importación que deben pagar buena parte de las inversiones que necesita el campo para producir. Estamos ya en el siglo XVII, lo que implica una fuerte protección a los proveedores locales, lo que debe servir como referencia del coste de oportunidad del bien importado.

La combinación de retenciones e impuestos país destruir la relación aseguradora/producto. Hay otros costos que también están aumentando, como el combustible, y también hemos acordado que el precio del diésel ahora sea responsable del precio internacional. Una ecuación plausible es que los costos internos se reduzcan a la paridad con los de los países competidores. Por eso debemos actuar.

Hay pues atrás frentes: el del costo de insumosy el LED precios de productos que se genera. El impuesto nacional supone una carga considerable, sobre todo lo relativo a otros componentes del coste de importación: IVA, cobro de préstamos, cargas variables, así como las dificultades para obtener dólares oficiales. El tipo de cambio alto es una buena protección para los fabricantes locales.

Para el precio, el objetivo debe ser que el productor llegue el premio internacional “lleno”. Si bien esto no es cierto, la tendencia natural afecta el uso de la tecnología. Se da más en función de lo que hay, de lo que es la tierra capital, con lo que el modelo se vuelve “extensivo”. Cuando necesitamos grano, está ahí intensificación tecnológica. Esto se traduce en una mejor productividad, al aumentar el volumen de gastos, más dinero en obra y en todo, más actividad derivada. Más flotas, más consumos en todos los eslabones de la cadena, más repuestos, más almuerzos de camioneros, más cubos, más diésel, más cultivos agrícolas controlados, más ventas de máquinas, etc.

Esto es lo que escuchamos cuando los escuchamos. gobernadores de todas las provincias agrícolas, que apretar el fondo para registrar la eliminación de los derechos de exportación. Hace casi un siglo y significa, los impuestos aduaneros eran potestad de las provincias. Colecciona al gran Alieto Guadagni como Bartolomé Mitre el nacionalista con el objetivo de dedicar recursos para cubrir las necesidades de la guerra contra el Paraguay. Y fui allí.

Córdoba y Santa Fe lideran la batalla contra las restricciones. Dijo, con razón, que se trata de una succión de recursos de sus actores económicos, afectando la actividad y la vida en su interior. Caputo dio un paso de acuerdo con ello. Tenemos la semana que viene…